Se requiere una estrategia integrada para fortalecer la industria alimentaria latinoamericana

por Federico
noviembre 25, 2020
  • Según la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996 (CMA) existe seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias. El 2do objetivo de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas es poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria, la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible.
  • Para los expertos de OMEGA Packing, que proveen soluciones para hacer más productivos y eficientes los procesos de trasformación en la industria agroalimentaria, es momento de generar una concertación pública y privada para fortalecer la infraestructura nacional de la cadena de valor alimentaria. 

La seguridad alimentaria es para todos los países una prioridad. Lo ha sido siempre, pero a partir de la pandemia por Covid-19 se ha vuelto vital.  Según datos publicados por el PNUD, a la fecha de aparición de la pandemia ya existían en el mundo cerca de 900 millones de personas con deficiente acceso a una alimentación suficiente y adecuada. Y dentro de esa población con alimentación deficitaria, por lo menos 155 millones presentan severas deficiencias alimentarias y su situación puede agudizarse críticamente con el avance de la pandemia. Por ello, el desafío a la seguridad alimentaria es particularmente serio.

En el mundo pre pandemia existía una conectividad internacional que permitía a los países comercializar productos (importaciones y exportaciones) sin restricciones, de forma abierta y sistémica, pero con la aparición del Covid-19 esto se ha modificado, con los cierres totales y parciales de fronteras y las limitaciones a la importación.

“Hoy en día, la coyuntura presentada por la pandemia ha distorsionado el proceso de importación y los productos no están llegando a la misma velocidad, lo que ha llevado a los países a implementar medidas internas. Y es precisamente ahora cuando la seguridad alimentaria se convierte en un tema vital de seguridad nacional”, expresó Federico Villa, Gerente General de OMEGA Packing.

A la previsible falta de disponibilidad de alimentos en el próximo año originada por posibles interrupciones en las cadenas de valor de los alimentos, se le suma -según este mismo informe del PNUD- una caída abrupta y catastrófica del empleo y del ingreso familiar, especialmente en muchos países en desarrollo. Y todo este efecto negativo de corto plazo, se verá amplificado ante el impacto generalizado del desplome económico,

“Debido a toda esta situación, los países tenderán a producir alimentos primero para autoabastecerse; y aquellos que no tengan infraestructura de producción interna se verán muy afectados, especialmente los que dependen mucho de las importaciones, porque fortalecer esa capacidad de producción interna no se logra de la noche a la mañana. Cada país tendrá su propia política de supervivencia, y algunos ya están racionando los alimentos que se producen. De modo que, si no queremos que en nuestros mercados latinoamericanos se comprometa la seguridad alimentaria, es necesario que las cadenas de valor de la industria permanezcan abiertas. Tanto en lo referido a los insumos, como a los cultivos, y los alimentos listos para su consumo final”, precisó Medardo D’Ambrosio, Director General de Proyectos y Ventas de OMEGA Packing.

Invitación a un plan concertado

Aunque no era posible prever lo que iba a pasar con el Covid-19 y sus efectos sobre la seguridad alimentaria, si es factible y necesario concertar un plan de rápida implementación para enfrentar eficazmente las consecuencias de la paralización de las actividades en el planeta, cuando se sientan los baches en producción por los períodos muertos de siembra y cosecha, o las mermas de insumos no aprovechados.

De acuerdo con D’Ambrosio, esa estrategia integrada a corto plazo apuntaría a aprovechar al máximo las cosechas y transformar parte de éstas en productos no perecederos, para lo cual es necesario contar con plantas transformadoras equipadas para dar respuesta a este  plan de contingencia. A mediano y largo plazo las iniciativas deberían involucrar a la banca para financiar a aquellos sectores productivos que se van incorporando al trabajo y requieren un plan con condiciones blandas para estabilizarse, como, por ejemplo, el sector de producción de carne.

Bajo este escenario, propone el experto, el Estado, la empresa privada y la banca se deben unir para buscar soluciones conjuntas en torno al tratamiento de los productos agrícolas, para almacenarlos bajo condiciones óptimas y procesarlas.

“En los países del tercer mundo- continuó- es necesario elaborar un plan de emergencia para avanzar. En muchos de ellos una medida común es darle prioridad al producto nacional para proteger la producción campesina. En este contexto, el Estado debe dar su apoyo con opciones para que la banca pueda favorecer el potencial de cada país para la producción. Por esta razón es importante eliminar los tintes políticos y trabajar en función del país”, expresó.

Como ejemplo de política concertada, Federico Villa comenta el ejemplo de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, que pacta un precio con los productores, independientemente de los precios internacionales del café, lo que permite que los caficultores reciban un precio justo por su siembra. “Otro asunto a tomar consideración es que no todos pueden sembrar lo mismo. Si por ejemplo todos los productores del campo deciden producir tomate, el precio del tomate cae porque hay mucho tomate. Por eso también es importante la diversidad y la concertación”, puntualizó

Esta posición la comparten varios expertos en la materia. Cassio Luiselli, Investigador asociado de la Universidad Nacional Autónoma de México, expresó en un artículo publicado en el blog del sitio web del PNUD para América Latina y el Caribe, que es necesario mantener abiertos los mercados, no interrumpirlos artificialmente con barreras arancelarias, cuotas, cierres fronterizos, ni encarecer las cadenas logísticas y de transporte.

“Los gobiernos deben asegurar que las cadenas de pago y financiamiento tampoco se corten. Es indispensable apoyar con créditos accesibles las actividades agroalimentarias. Para ello, hay que considerar ampliar subsidios y transferencias. Será igualmente importante, impulsar y proteger las llamadas “cadenas cortas de valor”, representadas por centros de producción y mercados que operan a nivel regional; así como las alianzas publico privadas, y las compras del gobierno para dar salida y certidumbre a su producción. Lo local es vital en materia de seguridad alimentaria para las zonas rurales remotas y marginadas”, puntualiza el autor.

Know how para fortalecer las capacidades de la agroindustria

“Aún estamos viviendo del stock de alimentos no perecederos producidos el año pasado. Pero ese inventario se va acabando, así como el alimento fresco. Entonces es necesario focalizarnos en buscar y proponer soluciones. En este tema, OMEGA Packing tiene bastante para aportar”, señaló D’Ambrosio.

Por una parte -puntualizó- nuestros aliados tecnológicos europeos, ubicados principalmente en Italia, han pasado por este tipo de situaciones difíciles y han aplicado soluciones exitosas. Muchos de ellos fabrican maquinaria especializada procesadora de alimentos; algunos son empresas muy longevas que han vivido guerras o políticas proteccionistas, y han podido contribuir a la solución de la hambruna en países de África, Asia y en la parte de la cortina de hierro con proyectos bien diseñados que todavía están operativos.

Y por otro lado, está la capacidad de asesoramiento y atención inmediata a la agroindustria latinoamericana que ha desarrollado OMEGA Packing, con el know how y los equipos para activar todas las plantas que están preparadas para producir, en el menor tiempo posible, alimentos de consumo masivo no perecederos.

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